El amor nace de noche

Ella había subido al avión con un solo pensamiento en la cabeza: “esta es la última noche que vas a llorar”.

El destino tiene cosas preparadas para ti. Y a él lo tenía preparado para ella. Lo conoció a la segunda noche de su tiempo en esa ciudad hermosa que es Buenos Aires, en una noche de luna roja. La música sonaba fuerte y las cervezas estaban bastante frías. El viento, el tango, el blues. Todo confluyó perfectamente, encajando pieza por pieza en algo que simplemente debía ser.

Él
Él la miraba y no podía creerlo. ¿Dónde había estado esa chica todo este tiempo? Su locura, su frescura, su cabello ondulado y su risa escandalosa. Su brutal honestidad. Desde el momento en que la vio bajando las escaleras de su casa en Almagro él supo que ahí había algo especial.
La miraba mientras caminaban por Corrientes pensando en qué pasaría si le dijera lo que estaba pensando: que hacía tiempo que no veía a nadie como la veía a ella esa noche. Que le encantaba su forma de reírse del mundo y del qué dirán. Desde el momento en el que se compró un sandwich de 3 pesos, hasta cuando decidió beber la cerveza directamente desde el pico de la botella. Era ella.
Desde el momento en que, en el bar, él se dio cuenta de que ella conocía la letra de todas sus canciones favoritas. Era ella.

Ella
“¿Cómo puede ser este chico tan guapo?” pensaba mientras caminaban por San Telmo, entre hippies buena onda y mesitas llenas de souvenirs. La había pasado tan bien con él esa tarde que ni siquiera recordó que en ese preciso momento había alguien esperándola en el teatro, a varios kilómetros de donde se encontraba. Pero eso no importaba. Nada importaba más que él en ese momento.
La química era casi palpable. Ella no podía creer su suerte. A simple vista él cumplía con los requisitos de su checklist: tatuajes en los brazos, una casaca de cuero y una sonrisa que le quitaba el aire. Lo único que le faltaba era la barba, pero de eso podía prescindir porque nada es perfecto en esta vida.
Ella pensó que si lo hubiese conocido hace 9 meses se hubiese ahorrado más o menos 20 litros de lágrimas. Pero bueno, costo hundido. Era él.

Y esa noche nació el amor. Sin contacto, sin besos, ni abrazos. Solo con sonrisas honestas, música, cervezas y una buena conversación. Como deberían nacer todos los amores bonitos.

El amor nace de noche, porque es ahí cuando guardas las máscaras que te pones para protegerte de la luz y te animas a ser realmente tú.

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