El amor después del amor

Hace relativamente poco tiempo terminé con el hombre que más he querido en mi vida. Y estoy bien. De verdad lo estoy. Dar tanto de mí en una relación ha sido una experiencia totalmente nueva, de la cual he aprendido muchísimas cosas. Definitivamente hay momentos en los que llegan recuerdos de sopetón, se me forma un nudo en la garganta y se aguan mis ojos, pero es natural. Es parte del proceso de seguir adelante.

No tengo más que buenos sentimientos y agradecimientos para él. A estas alturas estoy segura de que lo amo. Pero como escribí hace un tiempo, el amor no es posesión y mucho menos sinónimo de que se deba tener una relación (el amor es emocional, mientras que las relaciones -por lo menos las sanas- deberían de ser racionales), no nos toca estar juntos pero eso no es excluyente para el amor que le tengo.

Nuestro amor después del amor es bastante maduro y desprendido: conversamos, nos deseamos lo mejor, nos contamos cómo están yendo nuestras vidas, nos aconsejamos y resondramos, y a través de todo eso es casi palpable que nos seguimos queriendo. Pero no juntos.

El amor después del amor, cuando es verdadero, no termina y no causa catástrofes. No te afecta, no te perjudica en ningún sentido. Es pacífico, tranquilo, sosegado. Diría incluso que te anima y apoya para que sigas adelante y encuentres un nuevo amor, porque quien te ama solo quiere que seas feliz.

Cuando te toque, lo sabrás.

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