Amor adolescente

Escrito algún día (probablemente noche) de verano (algún verano)

La calle y sus miles de historias inéditas, historias que se esconden en cada uno de los rostros que ves pasar y que, por supuesto, no notas, no miras. Rodeada de personas inexistentes para ti. Tú caminas, tarareando alguna canción que se te pegó no sabes cuándo y mucho menos de dónde; canción que muy probablemente escuchaste en tu juerga del sábado, la cual, por supuesto, no recuerdas bien. Pero fijo la pasaste bacán porque estás con un dolor de cabeza que ya mejor ni pensarlo, porque de pensarlo te duele más.

Conmigo es un poco diferente, recuerdo todo, para mi mala suerte. Recuerdo tanto que casi no pude prestar atención a mis clases de alemán, y con lo mucho que me gusta ese profesor, imagínate. Esto del cambio me está pasando de vueltas, la verdad, era más fácil vivir feliz en mi ignorancia. Pero como dice el sabio dicho, tan cliché, que todos repiten: lo correcto nunca es lo más fácil ¿O así dicen, no? Bueno en verdad no me importa, la cosa es que así es la cuestión.

Me acuerdo de todo y “¿por qué Señor?” Por qué. Tú puedes caminar tranquila tarareando ese latin, pero yo no.

Yo, mientras tanto, no la estoy pasando tan bien, tengo un nudo en la garganta. Verás, Francisco apareció después de muchas lunas, ya casi no puedo ni contarlas. Él, él, maldita sea él. Y yo que me creo tan feminista y autosuficiente, tan elocuente y extrovertida. Porlas. Regresó y yo más muda que treinta mudas. Una fierita domada. Un gatito de chifa. Sonrío. Cada quién tiene su karma y yo ya me di cuenta de que él es el mío. Y quién sabe el de cuántas más, pura incauta de la que yo rajaba, ahora pues.

Es que eso es lo que no me gusta del amor adolescente, que debí haberlo pensado antes: adolece demasiado porque acaba. Adolece porque no estamos preparados para algo que te pega tan fuerte. Y yo, piña pues, me enamoré. O al menos eso creo, ¿porque es amor cuando no tienes ojos para nadie más, verdad? Por lo menos eso me han dicho mis amigas cuando les he preguntado. Cosa que nunca me había pasado en mi vida, en mi vida pues. Pero pasó y no sé bien en qué momento entre ese pub en Barranco y el hotel de la esquina fue que me flechó. No sé bien si fue su voz grave o su 1.87cm, o su forma de bailar, pero me tinca que fue su sonrisa. O fácil ninguno, sino esos venenos malditos de 3 x 10 soles en el Tizón. Todo mal. Y así con todo.

Pero bueno, ya basta, ya pasó ¿Qué me decías de la fiesta de mañana?

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