Orgullosamente Híbrida

Una vez, allá por el 2011, ¿será?, en una juerguita con la gente de mi grupo de danzas -tequiladas les llamamos-, conocí a dos patas medio nerds (pero de esos nerds chéveres), obviamente, ME ENCANTARON. Nos pusimos a conversar en la cocina, vaso de cuba libre en mano derecha, botella de ron estratégicamente ubicada a mi izquierda para refill en cualquier momento, sobre filosofía y psicología, sobre el mundo fenoménico y las patologías freudianas, bien chéveres nosotros. Yo, en tías intelectuales, por supuesto, modosita, hablando fluidamente, APASIONADAMENTE sobre las teorías kantianas, que sí que sí, que el esto, que lo otro, que el nous, que yo escribo, que estudio gestión pero tengo una crisis vocacional, que me encanta el rock, etc.
Todo iba muy bien y yo estaba pasando piola, HASTA QUE a alguna de mis amigas -o muy probablemente alguno de mis amigos, grupo de danzas, osea jelou!- se le ocurrió poner la canción “Bombón Asesino”.
Error.
La transición de lo que segundos antes era un ambiente medianamente controlado, medianamente mesurado, y ahora más bien parecía la zona pachanga del ValeTodoDowntown, fue casi imperceptible, todo pasó demasiado rápido. Me tomó dos segundos abandonar a los nerds bienbuenos, dejar mi discernimiento kantiano -y un poquito de mi dignidad, pero no dejar el vaso de cuba libre, ojo- y salir corriendo a la sala, a bailar con mis amigos. Deben entender que en mi grupo de danzas habemos personas peculiarmente… ehm, enérgicas, y bueno, tanta energía tiene que ser liberada de alguna forma, ¿no?. No recomendable para cardiacos, definitivamente. Ay, me encanta mi grupo de danzas.
La cuestión es que, después de haber hecho un show de los tantos que hacemos en nuestras vidas, uno más, uno menos, poteito, potato, REGRESÉ A LA COCINA.
Al parecer, los nerds bienbuenos se habían ganado con nuestro tamaño despliegue artístico, -de hecho, creo que estaban un poco asustados, o confundidos entre la admiración y el temor, no estoy muy segura aún-, SIN EMBARGO, tenían un feedback bastante interesante para darme y que, a fin de cuentas, dio como resultado el nombre de este blog y fue tan acertado que abracé el concepto, totalmente. Me dijeron que yo era la viva representación de alguna canción de un tal Kevin Johansen -yo nunca había escuchado de él- llamada “Cumbiera Intelectual”, me pareció bastante interesante, quise saber más. No quisieron decirme más, me lo dejaron de tarea, y así transcurrió la noche, vinieron más cuba libres, algunos shots de tequila, más Bombón Asesino y, por supuesto, Axe Bahía. Fue una buena noche, creo.
A la mañana-tarde siguiente, como cualquier domingo, un poco confundida y con la cabeza un poco adolorida, mientras comía algo que quería hacerla de desayuno y almuerzo a la vez, recordé lo que los nerds bienbuenos me dijeron. Corrí a la computadora a googlear la canción. Leí la letra y me reí mucho.
Yo era la Cumbiera Intelectual, efectivamente. Y bueno pues, así nace esto, lo vengo pensando desde hace ya un tiempo. Verán, gracias al universo, que es bienbueno conmigo, vivo una vida bastante… ehm, completa. Rica. En realidad, muchas veces la vida se pasa de payasa conmigo -o yo me paso de payasa con la vida, no sé-, chistosa es. A veces me pasan unas cosas o a mis amigos, que pienso: “Diomio, esto debería escribirlo, para la posteridad”.
Mis pocos años me han hecho una orgullosa mezcolanza de intereses, experiencias, payasadas, gabrieladas, y me gusta mucho escribir, creo que puedo divertirlos un rato.
Soy chévere.

Les dejo la canción de toda esta locura, por si son curiositos.

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