A propósito de disrupciones: My True Dialogue Experience

No. No voy a hablar sobre tecnología ni sobre las charlas que tuvieron sitio en el 17th World Business Dialogue, nada de tecnicismos en el blog de la Cumbiera.

Ah, para esto, creo que debería comenzar con un quick update acerca de lo que estoy hablando porque probablemente nadie me entienda, summing up: me eligieron como una de las representantes de Perú para ir a este congreso de estudiantes de negocio, el World Business Dialogue -sí, para eso era ese video mío hablando en inglés así bienbuena en mi escritorio, sí, exitosa- y nada pues, me fui a las Europas por 11 días, estuve haciendo desbande en Madrid, Bruselas, Colonia y Amsterdam, bien chévere, y ahora les hablaré un poco sobre ello.

¿Saben algo?, la magia, el boom de conocer y poder relacionarte con 300 mentes jóvenes de todo el mundo, altamente inteligentes, llenas de sueños, pasión y ganas de hacer cosas y de marcar la diferencia, es el regalo más valioso que me dio esta conferencia, sobre todo a mí, que me encanta escuchar y conocer siempre gente nueva. He estado en felicidades radicales, sí, pero como Latinoamericana, especialmente como Peruana, no pude evitar llevarme un sinsabor al final de todo eso. El contraste de cruzarte con jóvenes como muchos de los que conocí, que a sus cortos 20 y tantos años están ya estudiando maestrías y doctorados en las universidades más prestigiosas de Europa, FRESH, mientras que acá la gentita la sufre tremendo, se endeuda, tiene que dejar ciclos y etc. por problemas económicos, solamente para el Bachiller, o jóvenes que tienen que romperse el lomo trabajando horas de horas para poder auto-solventar sus estudios, como algunos de mis amigos lo hacen, es algo que me hace pensar:

“Carajo, acá también somos jóvenes, acá también soñamos en grande, acá también tenemos talento; ¿por qué ellos pueden y nosotros no?, ¿por qué si me gusta el arte, la actuación, la música y el teatro, tengo que estudiar una carrera de ingeniería porque mis viejos dicen que de lo otro no voy a poder vivir?”

La hermosa realidad peruana. Y no, yo no soy de esas personas que viven renegadas de su sociedad ni nada por el estilo, pero vivir ese contraste realmente me sirvió como una cachetada de desahuevina forte, porque me parece injusto. Y por más buena onda que yo sea, a la injusticia no la paso ni con 4 vasos de jugo de maracuyá heladito, me enferma. Atraco no tener carro, atraco vivir sin trenes ni subways, atraco tener que ir en tacos parada en la combi con el señor gordo y sudoroso a mi costado apestando a muerto en verano, ATRACO. Lo que no atraco es que limiten mis posibilidades de educación. EDUCACIÓN.

Educación es la clave. Merecemos posibilidades de una educación de calidad desde primaria -todavía me acuerdo cuando mi profesora de inglés se asaba conmigo y me botaba del salón por corregirla y por no hacer caso a su clase mal hecha, que era una pérdida de tiempo: “afuera, Rojas”, “Rojas, a dirección”. Bitchplease, learn your shit and then tell me something-.

Pero dentro de todo, yo soy del grupo de los suertudos, puedo estudiar en una buena universidad gracias a que mi viejo se rompe el lomo chambeando, gracias a que soy un loro y a que soy bienbuena he conocido a mucha gente y eso me ha ayudado a tener acceso a buenas oportunidades, etc.; pero, y ¿qué del chico que vive en una aldea bien bien internada en Huánuco, que a las justas y tienen carpetas en su escuela? y ¿qué de la niña loretana que no puede estudiar porque tiene que planchar y lavar ropa para ayudar a su mamá a alimentar a sus 5 hermanos?. ¿Y qué de ellos?. Ellos merecen tanto o más que yo, y no es que yo sea la persona más privilegiada del Perú, ni mucho menos, déjenme decirles, es sólo que soy terca como la mula y cuando quiero algo, jodo y jodo y jodo hasta encontrar la manera, y usualmente la encuentro.

11 días en Europa fueron buena cachetada para confirmar lo que quiero hacer con mi vida, no que no lo haya sabido ya desde antes, pero esto lo ha reconfirmado. Y sí, definitivamente quiero dedicarme a comunicar, a comunicar para ayudar, para persuadir, para prosperar. ¿Cómo, desde dónde, en qué medios? Aún no lo sé, aunque tengo una pista, ya saben que siempre digo y siempre diré: “todo pasa por algo” y hoy en mi clase de la mañana, un curso electivo al que ni siquiera pensaba meterme y el cual tomé como último recurso, tuve una señal grande.

11 días en Europa me sirvieron, mucho más allá de decidir cómo tiene que ser mi esposo, je, a tener la completa certeza de que yo, como “privilegiada”, tengo que hacer algo y usar mi capacidad, mi súperpoder de joder hasta el cansancio para lograr resultados buenos no sólo para mí, sino para cambiar una realidad social que me enferma. 11 días en Europa también me enseñaron que no existen límites, y he regresado más ambiciosa que nunca, o sea ya no sé ya, alguien deténgame PARFAVAR.

Cambiar de aires, conocer otras realidades, diferentes puntos de vista, ayuda mucho.

Nunca le pongan freno a su curiosidad, que de la curiosidad ha nacido todo lo ven a su alrededor.

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